Michel Foucault
Mi cuerpo, ese papel, ese fuego
El primer episteme es el del Renacimiento que se caracteriza por la semejanza. Para el hombre del Renacimiento, todos los seres están envueltos en una apretada red de semejanzas y correspondencias. Cada uno de ellos conduce a otro, al cual está ligado por invisibles hilos, por sutiles analogías. El pensamiento del hombre del Renacimiento no separa las cosas, sino que las une entre sí, ordena el mundo utilizando al cuerpo humano, donde todo está en estrecha relación, como metáfora suprema. El lenguaje del Renacimiento es, como dice Foucault, la "prosa del mundo". Sus signos no son arbitrarios, sino que reconducen a la esencia misma de las cosas: entre significante y significado existe necesariamente una relacion, algún tipo de semejanza que el estudioso debe descubrir. El conocimiento es fundamentalmente interpretacion, exégesis, del gran libro del mundo que Dios ha escrito para los hombres, es búsqueda de los signos, de las signaturas, es decir de los trazos que la mano de Dios ha dejado, como una firma, en la naturaleza.
De repente, a mediados del siglo XVII, este episteme se derrumba. El carácter general del nuevo episteme está dado por la representación, vocablo con el cual Foucault indica la racionalidad abstracta que divide e individua: «La actividad de la mente ...ya no será la de reunir las cosas, dedicarse a buscar algo que pueda revelar un parentesco, una atracción, una naturaleza secretamente común a ellas, sino que, al contrario, será la de discriminar, o sea, establecer la identidad de las cosas... En este sentido, la discriminación impone, en la comparación, la búsqueda primaria y fundamental de las diferencias...».[26]
En todos los campos, las cosas son medidas, ordenadas, tabuladas, colocadas en serie, en columnas, en estructuras. El conocimiento se espacializa y todas las "ciencias" son ciencias del orden, son taxonomías, nomenclaturas, clasificaciones, siguiendo el modelo de la Botánica de Linneo. En todos los campos, el análisis substituye a la analogía. En el lenguaje, el nexo de similitud, la conjunción entre significado y significante desaparece: la relación entre ambos deviene simplemente convencional, pero al mismo tiempo se la entiende como una relación clara e inequívoca. Las palabras y las cosas pertenecen a dos órdenes paralelos. Es la naturaleza misma de la conciencia humana, así como ha sido creada por Dios, la que permite esta relación transparente entre cosa y concepto de la cosa, entre cosa y palabra.
Este episteme desaparece abruptamente hacia finales del siglo XVIII. Comienza ahora la época moderna propiamente dicha, cuyo episteme se caracteriza por la historicidad y, como dice Foucault, por la aparición del hombre.
No existe un pensamiento verdaderamente libre: siempre «se piensa en el interior de un pensamiento anónimo y constrictor que es el de una época y el de un lenguaje. ... La tarea de la filosofía actual ... es la de sacar a la luz este pensamiento ..., ese transfondo sobre el cual nuestro pensamiento "libre" emerge y centellea durante un instante».[20]
Y así es como Foucault describe los aspectos fundamentales de su problemática. El fin de toda su obra es «... intentar encontrar en la historia de las ciencias, de los conocimientos y del saber humano algo que sería como su “inconsciente”. ... Si se quiere, la hipótesis de trabajo es globalmente ésta: la historia de los conocimientos no obedece simplemente a la idea de progreso de la razón; no es la conciencia humana o la razón humana quien detenta las leyes de su historia. Por debajo de lo que la ciencia conoce de sí misma existe algo que desconoce, y su historia, su devenir, sus episodios, sus accidentes obedecen a un cierto número de leyes y determinaciones. Son precisamente esas leyes y esas determinaciones lo que yo he intentado sacar a luz. He intentado desentrañar un campo autónomo que sería el del inconsciente de la ciencia, el inconsciente del saber que tendría sus propias reglas del mismo modo que el inconsciente del individuo humano tiene también sus reglas y sus determinaciones».[21]
[20] Ibidem, págs. 33-34.
[21] Entrevista con Jean-Pierre El Kabbach, op. cit. pág. 43.
[22] Entrevista con Madelaine Chapsal, op. cit., pág. 34.
El Zen te pide que salgas de la cabeza y vayas a la fuente básica... No es que el Zen no sea consciente de los usos de la energía en la cabeza, pero si toda la energía se utiliza en la cabeza, nunca vas a tener conciencia de tu eternidad... Nunca vas a saber, a modo de experiencia, en qué consiste ser uno con el todo.
Cuando la energía está precisamente en el centro, vibrante, cuando no se desplaza a ninguna parte, ni a la cabeza ni al corazón, sino que está en la misma fuente de donde el corazón la obtiene, vibrando en la misma fuente, esto es el verdadero significado Zazen. Zazen significa ubicarse simplemente en la propia fuente, sin moverse a ningún lado: surge una fuerza tremenda, una transformación de la energía en luz y amor, en una vida más grande, en compasión, en creatividad. Esto puede tomar muchas formas, pero primero tienes que aprender a permanecer en la fuente. Entonces la fuente decidirá cuál es tu potencial. Puedes relajarte en la fuente y va a llevarte a tu verdadero potencial.
Existe una escenografía. Entro al telón. Hay un siglo XIX esperándome en su espalda. Suelo balancearme entre ambos extremos de algunos sentimientos encontrados. Algunas contorsiones infantiles. La cápsula me devela por el ombligo. Hay una luz que madura tenuemente entre algunas reflexiones. Juicios que se empalman uno a uno intentando explicar la historia. Nuestra historia.
Sé que lo mejor es escribir cuando exploto. Recordar todos esos pasajes literarios en los que oscilo de callejón en callejón, de histeria a sonrisa, de maldición a éxtasis, de mi a usted. Y me doy cuenta que soy una hedonista irremediable, que podría pasar meses encerrada sólo haciendo el amor o teniendo sexo, sin remordimiento alguno. Levantarme… placer, desayunar, placer, almuerzo, placer y más placer todo placer. Soy demasiado cristiana para intoxicarme en semejante empresa. Las bacanales tienen cierta ética implícita si no todo este mundo de transnacionales se vendría abajo. Pocas veces me acuerdo de H. Marcuse y su sociedad erotizada. La utopía y ninguna parte. Es bonito alucinar. También es fascinante creer que mi tesis es real.
Lo estuve explorando a usted. Desde la desnudez de sus dimensiones más lejanas. Hoy por ejemplo estuve a su lado en el laboratorio. Inventando lucesitas, moviendo cosas extrañas… y me sentí en el limbo de viscitudes extratemporales. En la transcostrucción de intuiciones violentas. En el desgarro de Dios. Después no pido permiso.
Sigo… en la dilatación de un Geist irresuelto. En una burbuja oceánica que difumina todo lo falso que se refugia en mi espalda. Quiero un siglo XIX, quiero una Edad Media, lo quiero todo. No hay San Agustin, no lo hay….
La escritura me anestesia. Es una droga suave que logra la saciedad repentina de mis entrañas. Me gusta ver correr la cera de las velas….formando arquitecturas hipersensoriales. No quiero que me corten un brazo sin anestesia. Quiero morir rápidamente. Con la enciclopedia karmica borrada. Mi sangre blanca está teñida de conceptos incestuosos.
Exploto y escribo. Me apodero de lo blanco. Pienso en dedicarme a la meditación de tiempo completo. Lo olvido. Pienso en dedicarme a la escritura de tiempo completo. Lo olvido. Todo lo olvido. Lo único de lo que estoy segura es de no querer pertenecer a una trasnacional. No quiero una casita urbi de ultimo ni de primer nivel…no quiero endeudarme de por vida con las dictaduras. Lo ves: a veces puedo ser muy roja. Más roja de lo que me conoces. Me pongo tu pin del Che.
Ya no exploto, ya no escribo, y la hoja se queda en blanco. Olvide asistir a una conferencia de Edith Stein… No sé nada de ella. Sólo sé que es una monja filosofa cristiana, discipula de Husserl… pero no me la imagino. Iré a la wikipedia. La wikipedia es super divertida…no sé como pueden dudar de ella.
Estoy en blanco. He blasfemado demasiado. El cansancio de las letras me obliga a callarme. El incienso ha logrado bajar mis niveles de neurosis. Creo estar en el post-nihilismo. En esas ideas que he plagiado últimamente para no sentir el desconsuelo de Pirron. Recuerdo… en un texto anterior, confesé ser victima de un falso escepticismo. Que amo los libros… que me extasían… los extraño… podría seguir estudiando licenciatura tras licenciatura, doctorado tras doctorado…. Y eso me asusta.
La falta de conciencia me satura. No consigo obtener una percepción en ritmos cortos. El tener que, el deber que…junto con el “supongo” son palabras a eliminar. A veces, cuando la profanación me asfixia el alma, me pongo el disfraz de lo rojo. Coincido con las revoluciones materialistas, con los rencores hacia la represión… “Odio las transacionales” y “no quiero ser esclava de una de ellas”. Me sale lo rojo y mejor tomo vino para anclarme de una manera violenta a la tierra. Pienso en ese fuego blanco que se expande entre mis piernas cuando oscilo entre su boca y su voz. La afirmación vuelve. Hay un zen instantáneo, y no me importa ser roja, amarilla o anaranjada.
Pienso en el asilo que me invoca la institución filosófica… y me niego a abrir un libro, a devorarlo vorazmente con la intención de la comprensión. El placer del saber y las respuestas. Mi obsesión por el pensamiento. Mi bazo desmoronándose entre unas páginas de Hegel. La codicia de un ego que se mantiene oculto bajo el disfraz del escepticismo. El deseo de la eternidad, de la transmutación del tiempo, del nombre y la historia. Luego esa pierna temblando nuevamente. Simulo la torpeza. Y no entiendo nada. No quiero entender nada. Me robo un pedazo de tabaquería. ¡Al Diablo, al Diablo al diablo! Luego vuelvo a ver sus libros… y la tentación de la ciencia empieza a envenenarme. Nombres, fechas, descubrimientos…. Verdades. Y mi pierna sigue temblando… y no busco la narcosis textual…. Es cuando observo todos esos títulos de nobleza intelectual sin tiempo, sin tiempo, sin tiempo…. Tampoco quiero fumar cristal para escribir cinco libros en un año…. Tampoco.
Deseo un zazen instantáneo en la nada. No quiero salir. Print screen copy paste.