Thursday, December 15, 2005

Fingir lo lúcido,

Con la tentación

De poseer todas las letras…

Sumergirme en el

Abismo insolente

De mi esclavitud

Regresar y volver.

Ser lucida,

Más lucida. Sin imagen.

Toda clavada al minuto

Al plasma invisible, al secreto.

Tomarlo y desfallecer

De nuevo en la incerteza,

Encajarme en el verbo

Buscando sin duda una mosca

Sin embargo,

una vez gastada toda la rabia

Ya no sabré más de mí.

Quizá podré encontrarme.

*

Reflejo inmoral.

EN ESPERA DE CONGRUENCIA

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Voltearemos la mirada hacia una tierra mágica, con la intención, de explorar una conciencia que permanece mítica. Esto es, impregnada de los vientos de la diosa sagrada: la naturaleza. Para darnos cuenta, que no todo es decadencia, y siguen existiendo hombres que no reniegan del secreto de la existencia. Sino que se adhieren a ella, con grandes celebraciones y rituales, para desenfocar en una gratitud excelsa hacia los cuatro puntos cardinales. Este pueblo se denomina a sí mismo como Tarahumara o Ranamuris –los de pies ligeros- . “Hombres” que habitan en las montañas, lejos de la pesadumbre y la moral del hombre moderno, sumergidos en una conciencia poética que prevalece al paso de los siglos.

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Los Tarahumaras son una raza principio. Lo son, en cuanto existe un equilibrio Ying-Yang, en su morfología energética. No hay exceso de calor ni frió, se cumple la sintonía. Los órganos de estos “hombres”” poseen la temperatura adecuada, para poder adherirse fluidamente por el devenir puro del universo. Esto es, poseen un cuerpo sin sellos, sin corazas energéticas, que según Reich son las protecciones del hombre moderno a las fuerzas desconocidas del cosmos.

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El Tarahumara al ser miembro de una raza principio, esto es, en la posesión de un equilibrio entre el cielo y la tierra, no se siente perdido ni fragmentado, pues esta aún en la vivencia de una conciencia mítica. No necesita tener un “yo”, a diferencia del hombre moderno, que esta asumido en una conciencia fragmentaria. Esa perdida nos sumerge en la creencia de un yo, el cual crea una visión fragmentaria hacia la realidad. Tornándose una mirada llena de prejuicios, parcial, filtrada, condicionada por el pensamiento lógico. Todo esto forma parte del karma del hombre moderno el cual resulta irreconciliable con el modo de vida Tarahumara.

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IDEAS





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Arrojar los dados, el azar nos concede llegar al pensamiento de Nietzsche sobre la risa “Tan solo a la risa le queda un porvenir” (Nietzsche ) No hay porvenir sin la risa. Porvenir. ¿Qué es lo que viene? Algo viene, venir con movimiento, desgajado o inmutado. Deseado, bailado, quizá… con risa. Por eso viene, porque acepta el devenir. Cae nuevamente en la idea nietzscheana del “devenir puro”. Sin la risa lo estático se desvanece, la teoría del conocimiento –se vuelve un fantasma, siempre ha sido un fantasma, al igual que el concepto- porque nunca se ha dado el sueno hegeliano del concepto en movimiento. Porque a estado fijado en la seriedad y el método. Sin embargo, la risa es transgresora de todo esto. Pues desaparece el problema. Se necesita sentir cierta angustia por la “realidad” para que pueda haber teoría del conocimiento.

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Para regresar a la risa, es necesario bajar la velocidad. El loco alegre, el risueño, es un personaje que poco a poco se ha ido vaciando de la moldura que estructura los rostros de los personajes en las urbes. El maquillista de los gestos sociales se ha olvidado de dibujar la risa que ha de protegernos de la contracción de las sociedades productivas. Sin embargo, de repente emergen pinceladas discretas de la madre naturaleza y produce la genealogía de personajes que aún están dispuestos a celebrar el arrojo. Con la risa regresa la cura y el alivio para propagarnos en dimensiones fantásticas –quizá- , o para lustrarnos en los paisajes más inciertos con su elixir etéreo.






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