Thursday, June 28, 2007

I

Hay una escena abierta que nunca se cierra. El taumaturgo se atraganta de claveles púrpura y epopeyas zurdas. No hay inquisiciones, tampoco estigmas. Mis muslos empiezan a engargolarse entre los labios de un cálido depredador de posturas infantiles.

Nos mentimos un poco. Distorsionamos la posición de las cervicales mediante el suave disimulo de un golpe hiperbólico y callado.

II

El lenguaje se ha vuelto privado. Hay códices y alguna nomenclatura sin descifrar. La narración no tiene límites. Un cometa se estrella en sus ojos en cada atardecer. Nos mentimos un poco. Huele a fruta.

III

Me robo un lunar de su sacro. Lo fermento suavemente con mi yugular pretendiendo aunarlo al preámbulo onírico de esta noche. La ecuación no termina de envenenarme. Pretendo una estancia permanente.

IV

He tenido la certeza de los delirios más extravagantes. La saciedad ha sido mi compañera íntima. No he escatimo las distancias. No hay incongruencias. Algunos silogismos se calcinan en vacilaciones de escaramuzas con fuego blanco. Vulcanizo la paciencia cuando mi temporalidad desencaja de su pretensión absoluta. Luego la desecho. Después las pretensiones absuelven la frecuencia meditativa. Hay una mentira menor.

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