Thursday, May 31, 2007

Aparece el Deconstructor de la caja Kirlian. Ha venido a ausentarme de toda noción de Pirrononismo, aunque quizá, no sepa siquiera de su existencia. El tono lúdico se apropia de mi corteza cerebral desproporcionándolo en suaves golpes hacia un no-lugar. Hoy por ejemplo, decidí repetir el acto poético que detonó sobre mi brazo la semana pasada. El sol desaparece. Empiezo a girar mi lengua en una velocidad lenta de izquierda a derecha. Toco la zona exacta de mi piel donde dejó la mordedura. Vuelco mi boca de una manera descarada y presiono sobre la cicatriz. Me muerdo. La huella resucita.

No llamaré lapsus romanticus al acontecimiento. Es una escena que se antoja en exponenciales infinitos. Tampoco pretendo abocarlo a nomenclatura alguna. Sólo diré que morderme el brazo izquierdo se ha vuelto un vicio irremediable. Y que estoy en dos dimensiones geográficas al mismo tiempo porque olvide arrastrar mi presencia a la unicidad de mi espacio. También debo confesar sobre la teletransportación que práctico últimamente. He vuelto a dudar sobre mi cordura. Por tal motivo escribo esto.

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