Monday, April 16, 2012

Escritura e invisibilidad.

 
Ayer,  durante mi visita por playas de Tijuana, tenía que encontrarme con a mar abierto. Pero no nos encontramos. Fausto iba cargado de juguetes y dos libros para dibujar. Yo, por mi parte, me dejè acompañar por Meyrink, Rilke y Salomé. Sé que era demasiada mi avaricia lectora  por esos textos encantadores, y que tal vez no alcanzaría a leerlos todos; pero, no me importó y los llevé en mi bolsa. Mientras re leía mis cuentos de hace años (El juego de los grillos, la visita que J.H. Oberheit hace a las tempijuelas, los cuatro hermanos lunares) escuchaba rebotar la sonoridad de las olas contra las rocas de alambre y Fausto jugaba con niños desconocidos con pelota grande y verde. Una imagen maravillosa con la que siempre he encajado a nivel “sabiduría” es aquella que construye, o más bien, vivifica Meyrink al inicio de “La visita que J. H. Oberheit hace a las tempijuelas”: “Vivo”, o sea, “sigo viviendo”, así me explicaron, cuando siendo aún muy pequeño, fui llevado por vez primera a visitar la tumba de mi abuelo”. Luego entonces después, ello me lleva a sincronizar ideas sobre la transmigración pitagórica, el samsara budista, la reencarnación maya…La la la. Idea de inmortalidad. De. Precisamente, el inmortal de Borges, y de ahí la empatía amorosa de este autor por el alemán: “Meyrink creía que el reino de los muertos entra en el de los vivos y que nuestro mundo visible està, sin cesar, penetrado por otro invisible”. Por eso, por esto, sigo percibiendo que la escritura tiene que seguir develando invisibilidades, claro, la escritura con matices literarios, la escritura con aspiraciones platónicas, la escritura de lo eterno. Las otras, las otras escrituras  son sòlo siervas de los discursos representativos de lo real, es decir, de los discursos científicos tradicionales, porque inclusive, nombrar que la narrativa entra en el canon de la invisibilidad, es no nombrar, que cierta narrativa sigue siendo tradicionalista y apegada a lo “real”. Y bueno, para eso existe el registro tridimensional, el otro, el registro de lo invisible e imaginario es multidimensional. Además, siempre corre el peligro de  procurar hacer estallar la lengua: balbùcear. Deleuze sentía muy bien esto. Deleuze tan visionario, tan adelantado a los tiempos. Tan afuera del tiempo.

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