Wednesday, April 11, 2012

metàforas inalàmbricas.


La poética de esta noche es tan suave y serena que se antoja quedarse así por siglos.  Son micro-instantes que aparecen de la nada. Después de varias metáforas inalámbricas totalmente resueltas. Los cierres espirituales de uno a uno se revelan como besos mediterráneos  que se arrojan en cascadas de dar y estar. Con uno mismo.  Es saber que las palabras que se atoran en el hígado son solo ciclos lingüísticos que no se atreven a configurar nuevos mundos mentales. Seres. Situaciones. Amores. Universos. Pero cuando uno está tan lleno del otro y es uno. No es necesario nada. Da igual vivir en insectarios hexagonales de miel turca o en cartas estrafalarias de esquizofrenias paganas. Eso del amor es estar en todas partes con la gratitud que encaja en otro que es la totalidad y  que no se desvanece nunca.  Mientras el deseo el deseo el deseo. De no dejar entrar el amor al cuerpo. Por fracturas reduccionistas. ¿Qué otra cosa puede ser?  Lo pueden envolver en búsquedas que no terminan. Es bonito querer a muchas personas y relacionarnos cariñosamente. Pero definitivamente es más maravilloso enloquecer con un solo ser. Y alcanzar la altura de manera atascada, ilógica, plena. Absolutamente deliciosa. Eso es la vida amorosa. La normalidad amorosa de comerse la piel entera del otro. Y detectar las luces a la distancia más allá de cualquier cartografía lineal.  

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