Friday, June 29, 2012

delfinario



La escrituricida sufrió una semana de crisis por la duda de escribir o no escribir una novela. Los cuentos son suficientes, pensaba, sentía, pensaba.  Hurgar en pasados dolorosos, a estas alturas de la felicidad, le parecía un fracaso obsoleto. Decidió entonces, moverse entre la gramática de la felicidad, y vivir en un delfinario. Sólo desde el delfinario, podría acceder a las infancias turbias, sin contaminar su espíritu. Así pues, las cosas aparecieron de la nada. Primero, discusión de Borges en la cajuela del carro, después; la magia nula del escritor barcelonés, luego; el enamoramiento de mimos, los cantos tibetanos, y esa búsqueda de sonidos de alta frecuencia; le otorgaron la redención. Sí. Hay que escribir, pero sin contaminarse por las gramáticas del estrellato, y buscando la serenidad de las miradas humildes. Sí. 

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