Tuesday, June 05, 2012

Entre filosofía y literatura.

Hoy el espacio del lenguaje no está definido por la retórica, sino por la Biblioteca: por el encabalgamiento hasta el infinito de los lenguajes fragmentarios, que sustituye la cadena doble de la retorica por la línea simple,  continua, monótona de un lenguaje entregado a sí mismo, de un lenguaje que está consagrado a ser infinito porque ya no puede apoyarse sobre la palabra del infinito. Pero que encuentra en sí mismo la posibilidad de duplicarse, de repetirse, de dar nacimiento al sistema vertical de los espejos, de las imágenes de sí mismo, de las analogías.


Dicho de otro modo, toda obra estaba hecha para consumarse para callarse en un silencio en el que la Palabra infinita iba a recobrar su soberanía. En la obra el lenguaje se protegía de la muerte mediante esta palabra invisible, esta palabra de antes y de después de todos los tiempos de la que se presentaba tan sólo como el reflejo pronto cerrado sobre sí mismo. El espejo al infinito al que todo lenguaje da nacimiento a partir del momento en que se yergue en vertical contra la muerte, la obra no lo manifestaba sin esquivarlo: colocaba al infinito fuera de ella misma –infinito majestuoso y real del que se hacía espejo virtual, circular, acabado en una bella forma cerrada. 

Foucault, M. "El lenguaje al infinito"

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