Monday, June 25, 2012

Un niño adentro.

La tranquilidad de la nada me destapa el cuerpo. Una a una, serenas,  diminutas, pequeñas, son las pieles de mi ventana. Soy feliz al  perseguir ninguna velocidad. Ninguna voracidad. Bienvenidas, sean pues, las cosas nulas. Vacías. Runa a runa, evaporaba llagas,  indiferencias, la sincronicidad de un vuelo inesperado. Tuerto de rencores intransigentes. Disculpe usted, yo no tengo nada que vender. Por eso, respiro la nimiedad de esas hojas manzana que tapizan mis dientes. Palabras. Es el paracaidista de cuentos infantiles. El que quiere multiplicar las metas. Y. Gira. Tranquila. Ya no hay “play” al oscurecer tremenda sorpresa. Regreso a la banquita con el pescador de cuentos infantiles. Seis y media al atardecer. Los mosquitos siguen formando infinitos torrentes enfrente de la fuente comida naturista. Yo, sigo sentada en la sillita amarilla del siglo XIX. El telón otra vez. Tranquila nada destapa el cuerpo. El desierto veinte y tres deviene en cuervos al revés. ¿Eres tu plagiador de marionetas invisibles? Un niño adentro esta vez. 

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