Monday, April 01, 2013

Happy times.



Conceptualizar la creatividad, desde una explicación orgánico-positivista, me parece incompleto e irrelevante. Crear es ponerse en la frecuencia del Orgòn y esculpir universos invencibles. Pero bien: eso no lo dije en clase. En clase, después de las trilladas definiciones psicológicas (vía las mismas escuelas de siempre), opté por decirle a los alumnos que la creatividad es irse atrás de un espejo, encontrar un mundo interno, regresar e inventar un lenguaje nuevo para proyectarlo. Les dije que no olvidaran tres palabras: transgredir, develar, y transmutar. Después los puse a crear su propia definición, pues creo que, una gran parte de repetir lo que ya pensaron los demás es ese miedo a pensar por nosotros mismos, que no es otra cosa que nombrar bajo nuestro propio esquema cognitivo-vivencial. Al cabo de unos minutos, quedaron más conformes con la definición del espejo. Enseguida, me dispuse a beber chai para recuperar energía cerebral, pues me esperaban Las Palabras y las Cosas en su segundo capìtulo: Hablar: Lenguaje, soberanía y discreción. Fue una clase fascinante, pensé muchas cosas, jugué a muchas cosas, inventé o reescribí varias interpretaciones. Es decir: bailé entre varios filtros. Escribí 5500 en el pizarrón para imaginar 5500 sustantivos y, frente a ello, el símbolo del infinito. Entonces, les dije que los números por su naturaleza sagrada sobrepasan en posibilidades a la actual numeración de palabras en nuestra lengua española. Volví al ejemplo de la enciclopedia celeste, volví a Hobbes, volví a Borges… y después de pensar, pensar, y pensar. Terminé narrando la vida trágica de Dostoievsky, entonces sabía que eran las 5:40 y que debíamos parar. Mañana nos espera el cuadrilátero del lenguaje...Luego después, El Grado Cero de la Escritura.

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