Monday, April 29, 2013







Cuando una se sale del cuerpo por las noches a las tres de la mañana, los gnomos de anís de la enciclopedia de bacterias celestinas; la pueden a una medio asfixiar. Fingirla despierta en una alcoba observando como pasan las escenas sin modificar el tiempo. Luego ciertas venas cerebrales se estancan de un engrudo negro similar al estado de coma sin referentes; donde una despierta de un lado a otro, pero nunca está despierta. Es entonces, cuando alguna salamandra marina bosteza por algún planeta sin agua, y las resonancias le provocan costillas a la yugular. ¡Estás dormida pero te sientes despierta! Al cabo de un intento vil, recuerdas algunas sentencias hebreas y nada. NADA. No llegas al último renglón. Las vuelves a repetir y nada. En cambio, si eres aprendiz de las naderías astrales, puedes volar y volar y volar, y burlarte de todas las fantasmagorías implícitas de tus hábitos mentales. Diriges el viaje y tratas de modificar memorias futuras con el único objetivo de brillar. Al cabo de unos días, tres soles blancos modifican tu destino. EL ÚNICO  No determinado ni configurado por todas tus difamaciones lingüísticas. Vuelas enseguida a una red piramidal. Ciudad Luz.  Llegas al cielo y le tocas las manos a la alcoba de palabras muertas. Brillas. Minutos después, un contentarlo en proceso te revela la sonata más excelsa del mundo. Y. Lloras de felicidad. Quieres anticipar tres siglos de silencio. Tres siglos abocados a ese cuerpo tuyo favorito. Él. Siempre entonces. Derramamos cometas electrónicos en la arbitrariedad de los días mudos. Sí. Lhin puede ser el posible culpable redentor. Luego, la canción más perfecta del mundo acaba de parir tres adivinarios estoicos en un carrusel de símbolos perversos. Somos la dinastía oracular del bosque de los anti.besos. Mover entonces, el volcán ardiente de plegarias irreverentes. Venid pues, a las tres de la mañana, a la misma fotografía. A la misma mirada, a la misma, esa, una. Yo.  

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