Friday, November 30, 2012

s i l e n c i o




La escrituricida usó el error ortográfico como un mecanismo de muerte escritural. Este evento, la llevaba a incrustar palabra a palabra de manera breve, a permanecer con las ideas en la cabeza, y a no registrarlas salvo ciertas ocasiones secretas en la pantalla. No se puede uno liberar de la escritura –pensaba-, mientras no se logre una domesticación de la propia mente a voluntad. Breve es el camino de la escritura, como también breve  lo es el  del pensar. Estos fenómenos –cognitivos, al final de cuenta-, no presuponen una adhesión de por vida, al contrario, todo pensador cuando ha llegado a cierta cumbre ideológica tiene que ser consiente del velo ontológico de toda estructura racional y empírica; y tratar de usarla o no usarla, en base a una voluntad de poder interna. En pocas notas, llegar al silencio, no presupone un sabotaje escritural. Vivir el silencio, puede ser un andamiaje sonoro entre concepto y concepto. Aquí, lo importante es saber encender el botón de stop al pensamiento, y que uno controle las ideas y no al revés. Su bazo, se lo agradecerá eternamente. 

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