Monday, October 29, 2012

complexus


Entramos a la luminosidad, no, entramos, afuera está blanco, aquí se ve algo en medio de las córneas, el experimento del pato y el conejo nada detienen ya.  El concierto de los sepulcros amorosos arde en plena frutalidad: “En ese lugar la fila de runas se unía a la fila del Diablo que había encontrado en la punta del Octagrama Fronterizo”  No necesité hacer muchas conjeturas para saber que nuestro tiempo estaba encriptado. Entumecido en el desierto catorce de los Arpistas Astrales, el Delfinario escandinavo y la ruta de las notas solfeggio en felicidad absoluta. No necesité hacer muchas conjeturas para morder  tus abstracciones más arcanas. Diminutas vidas en los cristales de ese sueño del crucigrama número veintitrés. “Sí, ésa soy yo, y esas fuertes adivinanzas, son mías” “Sí, ésa soy yo, y esas fuertes abstracciones, son mías” “Sí, ésa soy yo, y esos gritos estruendosos; también, son míos”. Al tocar la mano un poco, al tocar la mano un poco temblorosa, las canciones nucleares y radioactivas seguían insinuando la ruta de los nubarios en este mundo vacío: “El núcleo del Octagrama Fronterizo está vacío, las runas, siguen señalando otra dirección”. Los gritos estruendosos por todo el vecindario devienen en  conjetura báquica, en un no saber qué, en un no saber nada, en un estar demasiado arriba y ya. No necesité hacer muchas conjeturas para saber que nuestro tiempo estaba en lo absoluto. Los rayones en la libreta así lo deletreaban: “ad infinitum in parvum”. Una máscara, dos, tres, cero. En el crucigrama de lo Fijo y lo Volátil nos reunimos esta vez. Nada se borra en lo absoluto. Nada. Al emigrar era mediodía.   

















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