Sunday, January 06, 2013


En 1983 mi padre estuvo preso en Nuevo Laredo Tamaulipas por narcotráfico. Yo no sabía nada de eso, lo único que sé, es que me tuve que acostumbrar a cambiarme de kinders como por cuatro lugares diferentes hasta que mi papá fue liberado. Fue un año muy extraño, yo no entendía qué era ese lugar, ni tampoco porque teníamos que ir Domingo tras Domingo de visita. Los pocos recuerdos que tengo de ese lugar, son las tienditas de dulces para los internos, o para los parientes de los presos, y una gran cancha para jugar tennis. A lo mejor, fueron en esos días donde surgieron mis primeras preguntas filosóficas. Las primeras contradicciones. Y desde luego, esa combinación extraña entre mi educación católica y el trabajo de mi progenitor siempre causaban un ruido extraño en mi conciencia.  Me costó mucho tiempo separar el maniqueísmo cristiano que me enseñaban en la escuela del amor que sentía por mi padre, pues simplemente yo no podía verlo como un criminal. Porque finalmente, era generoso y complaciente con nosotras. Ya después entendí que mi padre prefería andar en ese tipo de negocios que ser un obrero en alguna maquila gringa, y que la vida de andar por ningún rumbo fijo sin ningún reglamento fijo era la vida que a él le había tocado llevar.

En un micro-instante de paz. Satisfecha. Estática. Luminosa.
En la nada. Sin nada. 

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