Wednesday, January 16, 2013

[ escorpiones en 09 ].


Tengo detectados varios escorpiones. Me aterra encontrar personas repetidas en distintas historias y épocas. No obstante, también siento un poco de placer, al poder leerlas todas enteras antes de que ellas se percaten de su propia presencia. En ocasiones algunos rostros los tengo memorizados a partir de las situaciones en las que hemos coincidido. Otras, simplemente las conozco automáticamente a partir de la intuición de mi rodilla izquierda.

 Recientemente he encontrado tres Rogelios: misma vibración corporal, gusto musical, y fechas de nacimiento. Sería un atrevimiento pensar que vacilan entre los mismos gustos femeninos e intelectuales. Sin embargo, a veces pienso sobre la configuración de los futuros compartidos. La enfermedad y su familia. Y sé lo que ha sucedido con el primer Rogelio cuando tenía cierta edad,  con el segundo, y con el tercero igual. La acupuntura de su movimiento delata todos sus vicios  y virtudes. Sé lo que pasará después, y después, y después: repetición en el universo cartesiano.  Que nadie se esconda: somos tan predecibles.

Entonces el transito vital entre una paranoia y un triunfo, entre ambos o ninguno. Es parte de la normalidad.  Luego detecto otro Rogelio, quizá con el nombre de Federico, Eurípides o Sandra. La escena se presenta más o menos así: reconozco a otro Rogelio en cualquier vórtice del mundo y, al segundo, se acerca instintivamente y coincidimos en algunas sintomatologías. Siempre –al menos en esta vida- le he caído bien a ésta raza. Después  siento la pequeña tentación de adivinar y confabular vidas, pero ya todo está dado. Por cierto: la psicología no me ha revelado nada de esto. Ninguna teoría de la personalidad alcanza a percibir esto.  Sólo la magia del Pentagrama Fronterizo me enseña a detectar  la trayectoria de los Rogelios escorpionicos.

Y bien: ¿Cuántas yo he  conocido en otras? Exactamente tres. Una K bajo el nombre  de  Angélica con fecha de nacimiento igual. Coincidíamos demasiado, hasta que el extremo de similitud nos produjo cierto pánico, y huimos mutuamente. Era demasiado asfixiante visualizar la debilidad y misterio compartido. O  para ser concreta: esa forma de alienarnos con el mundo.

La otra K la conocí hace bastante poco. Acababa de experimentar un “alumbramiento” con el mismo escepticismo con el que yo asumí la maternidad. Arquitecta con una sensibilidad algo discreta y silenciosa. A veces no me gusta saber nada de su vida. (Presente). Intuyo que si no logra trascender cierta idiosincrasia lúdica de la existencia lo mismo sucederá conmigo. Siento cierta incertidumbre el saber que nuestras vidas están adelantadas. Por cinco años en otra dimensión, pues así lo  reveló el alquimista de las cirugías astrales que conocimos en Tijuana  mientras esculpíamos nuestros juicios hacia el objeto de estudio de ese momento.

¿Cómo seremos en versión Atlántida en el siglo IV o V? ¿Por qué tenemos que venir tantas veces? ¿No es suficiente  encontrar una madre sólo una vez? Tanto parir. Tanto parirnos a nosotros mismos. Tantas puertas vaginales.

Pensar en la muerte como salida es algo irrisorio. Comprender esto no tiene nada que ver con los estudios de “religiones comparadas” ni nada de eso. Es abrir los ojos cualquier día y sentir como un escalón invisible se ha apoderado de ti y te vuelves un espectador hipersensible. Vives en otro planeta en este planeta. Y no estás bajo ninguna sustancia tóxica.  Nadie puede mentir porque intuyes un poco más con  naguales en azar. A veces es mejor engañarnos y seguir creyendo en la originalidad de nuestra existencia.

Por eso no creo en la esquizofrenia nietzscheana ni nada de eso. Lo que ocurrió con Nietzsche es que se abrió demasiado y visualizó todo. Transgredió la lógica mundana y un poco más allá. Y en ese abrir estaban todos esos demonios que se quedan atorados entre dimensión y dimensión. Incubus o duendes o voladores. Eso que los psiquiatras llamarían alucinaciones esquizoides. Otra pregunta: ¿Serán en Deltas de Dirac los Rogelio , las K y los otros nombres en otra sangre? Esto suena demasiado a metafísica y por cierto: Leibnitz es una buena excusa para acabar.




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